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Autor Tema: AMORES ACEITUNEROS  (Leído 3939 veces)
Foro Montefrío
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« : 23 de Diciembre de 2012, 11:34:23 am »




Foro Montefrío, 23 de Diciembre de 2012

"Cogiendo la aceituna
se hacen las bodas;
quien no va a la aceituna
no se enamora.

¡Que tendrán, madre,
para cosas de amores,
los olivares!"





Ánfora griega donde se escenifica la recogida de la aceituna y se guardaba el aceite de oliva, es del 520 a.d.C. y se conserva en el Museo del Louvre



Hoy para amenizar este domingo esplendoroso de aceituna vamos a rescatar un divertido artículo de Julián López García: AMORES ACEITUNEROS


Homenaje a los olivareros. Historias de amor de la recogida

Se ha destacado del aceite su valor como símbolo de prosperidad y de pureza; tener olivos, y por tanto "aceite para el año", da un tipo de seguridad que hace la vida más segura y agradable, por eso el aceite ha sido de los productos alimenticios mayormente susceptibles a la acumulación. A finales de Otoño y comienzos de Invierno se lleva a cabo la recogida de la aceituna, uno de los quehaceres agrícolas donde la presencia conjunta de hombres y mujeres ha sido más importante, y eso ha implicado que haya tenido la recolección de aceitunas una tremenda importancia social al ser el lugar de cercanía de sexos y, por tanto, de comienzos de relaciones de pareja, por lo que no sólo es un tiempo de trabajo, sino también de diversión y jolgorio; cuando el día es muy frío, se hace una lumbre para calentar las manos antes de empezar y echar las primeras risas de la jornada; el ambiente durante la recogida es festivo, cualquier cosa es excusa para formar alboroto y hacer bromas; si pasa alguien por el sendero los aceituneros se meten con él en tono jocoso, y si no hay nadie con quien meterse, se cantan preciosas canciones, que nada más se cantan en la recolección de la aceituna y nunca durante el resto del año; tradicionalmente había mucha picaresca, todo en broma y acompañado de grandes risotadas. Si la canción no surtía efecto siempre había la graciosa de turno que con la cabeza baja imitaba al búho, como si ya fuese de noche. Eso solía enfadar muchísimo al manijero, que lo consideraba como un insulto, y a veces para terminarlo de arreglar otra imitaba al lobo y la guasa era completa.

Una de las canciones decía:

La aceituna en el olivo,
si no la coges se pasa,
lo mismo te pasa a ti
si tu madre no te casa.

Y esta estrofilla daba paso para cantar la más conocida canción, ‘Apañando aceitunas’:

Apañando aceitunas
se hacen las bodas,
y el que no va a la aceituna
no se enamora.

"De aceituna venimos, venimos pocas,
porque quedan en casa, las perezosas".

"Los ojos de mi morena,
ni son chicos, ni son grandes,
son como aceitunas negras,
de olivaritos gordales".


Destacan las canciones que aluden a la alabanza de la mujer, como éstas de los pueblos de Jódar y Onsares:

"Si alguna vez vas por Jódar,
no te equivoques de camino,
que es lo mejor de Jaén,
sus mujeres, sus olivos".

"Soy de Onsares, no lo niego,
tierra de buena aceituna y de las mujeres guapas,
porque fea no hay ninguna".


MIRADAS ENTRE RAMAS


Pero las alusiones a la conjunción entre hombres y mujeres no se han expresado sólo de manera lírica; también entraban en las coplas populares algunas que acotan la práctica del galanteo en el propio tajo:

"Yo cojo las bajeras, tú las de arriba,
por entre rama y rama, miro y me miras".

Tanto es así, tan apropiado es el trabajo en la aceituna para iniciar relaciones de noviazgo, que casi se convertía en un imperativo social y, de hecho, en la Sierra de Segura se cantaba:

"La mujer que no ha tenido
amores aceituneros,
no sabe qué se ha perdido
ganar la gloria del cielo".


Hasta tal punto era así, que se gestaba mala conciencia entre mujeres que habían dejado pasar oportunidades y que se recordaba también en coplas como ésta de Sorihuela de Guadalimar:

"Morenina resalada
dicen los aceituneros,
otra vez que me lo digan
tengo que irme con ellos".


Se tenía muy presente porque más aún retumbaba en el oído esa otra copla que decía:

"Las aceitunas en el olivo
si no se coge se pasa,
y eso te pasará a ti, morena,
si no te casas".

Del mismo modo se interiorizaban desazones masculinas cuando terminaba la aceituna sin haberse entablado una relación, como en esta copla del poniente malagueño:

"Adiós al olivarillo de la aceituna,
para que al año que viene
echéis alguna.
Ya se acabó la aceituna,
ya me voy a mi lugar,
y los amores se quedan
colgados en la estacá".


Pero no se ha tratado sólo de retórica en torno al galanteo. Ha habido también microrituales que, en la aceituna, ponían el acento en torno a los valores deseables de la hombría y la masculinidad. En la configuración de la división sexual del trabajo durante la cosecha, los hombres se encargaban de varear y las mujeres de recoger las aceitunas del suelo. Por cada hombre vareando había cuatro mujeres recogiendo. El juego consistía en que las mujeres no ganasen al hombre, es decir, que siempre terminase de varear él antes de que las mujeres hubiesen dejado el suelo limpio; si sucedía lo contrario, el escarnio estaba asegurado, pues las mujeres se podían levantar corriendo del suelo e ir a bajarle los pantalones al vareador. De ese modo, dejando desnuda su virilidad, se ponía el acento en la incompetencia de ese hombre para el trabajo y se alejaba del mapa de la deseabilidad.


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En fin, historias de amor en el campo; os deseamos a todos un feliz día de aceituna, y damos gracias a Dios por el buen tiempo con el que nos está obsequiando esta campaña






* MONTEFRIO ANFORA GRIEGA RECOGIDA ACEITUNA 520AC (54.08 KB, 350x466 - visto 1182 veces.)
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